Todo el mundo miente: la idoneidad del mando a distancia

De tarde en tarde uno recibe avisos por teléfono de que algún aparato electrónico no funciona bien y se pide ayuda para ver si se puede hacer algo. Esta vez le tocó el turno a un receptor de satélite del que se anunciaba “parpadeaba mucho”. Si los aparatos tuvieran ojos … querrían tener una boca para comentar más de una cosa. Lo primero y a distancia fue hacerle seguir el mismo protocolo de siempre: mirar de apagarlo por el interruptor que debe de tener en su parte trasera y después desenchufarlo de la red eléctrica durante un tiempo prudencial de un minuto. El tiempo es una cosa tan sugestiva que decir “desenchúfalo un momento y vuélvelo a enchufar” para algunos significa que se tiene que hacer lo más rápido posible.

Y alguno se preguntará … ¿por qué desenchufarlo y conectarlo de nuevo? Más que nada para que algunos de los componentes electrónicos del aparato puedan descargarse eléctricamente, y el tiempo cuanto mayor sea, mayor es la probabilidad de que la descarga se ha producido completamente.

Pero volvamos a la historia. Visto que el procedimiento no dio resultado no hay más remedio que personarse en el hogar del dichoso aparato y ver ‘in situ’ qué es lo que pasa. La cosa es que al dejarlo unos 2 minutos desconectado de la red eléctrica el susodicho renació, aunque la mosca la tenía detrás de la oreja. En vista de que volvía a funcionar dejé el trasto en su sitio no sin avisar antes de que lo vigilaran para ver si volvía a hacer de las suyas. Algo así como cuando al familiar del enfermo se le avisa de que controle que se toma toda la medicación. En 24 horas volvió a suceder lo mismo dos veces con lo que la avería no se iba a solucionar muy fácilmente.

Debido a mi agenda no podía hacerles llevar un receptor satélite de sustitución que dispongo para estos casos y poder traerme el estropeado para echarle un vistazo, así que pedí que se acercaran a mi casa para que se lo llevaran, previa configuración a medida para que no tuvieran complicaciones a la hora de ponerlo. No tenía más que conectarle el cable coaxial de la antena y el de euroconector que debía ir hacia el televisor … y añadir que para ver su canal favorito de satélite (que estaba colocado estratégicamente en el número 1) solo tenía que encender el aparato y nada más. Las ventajas que tiene el euroconector.

La cosa es que a las pocas horas recibo la llamada de que el aparato de sustitución no funciona. Han hecho todo lo que les dije, pero que no hace nada. Les hice repasar uno a uno los pasos que debían haber seguido, y la respuesta a todo fue un rotundo SÍ, que lo habían hecho todo correctamente. Visto el panorama no me queda otra que hacer un hueco en la agenda y presentarme en el domicilio del problema.

Una vez allí coloco el aparato de sustitución (lo habían quitado y puesto el estropeado por vete a saber qué superstición) y la sorpresa fue mayúscula cuando les dije que quitaran las pilas del mando a distancia del que no funciona para ponérselas al otro. “¡Ah! Pero … ¿había que ponerle pilas al mando?”, dijo el hombre. “No es necesario, pero ayuda mucho”, fue mi respuesta. Así que con pilas el mando funcionaba y se podía encender el receptor sin ningún problema y así podían tener su canal favorito por satélite en el momento que quisieran.

Ha quedado un poco larga la historia … un poco, sí.

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